The Amazing Journey of Bottley: un proyecto que busca ser un primer paso para repensar lo que enseñamos sobre reciclaje y reutilización

En un pueblo costero de Chile nació una idea que hoy busca transformar la manera en que educamos a las nuevas generaciones sobre reciclaje, reutilización y propósito. Elvira De Grazia —abogada, madre y apasionada por la reutilización de materiales y el diseño inteligente y sostenible— descubrió una contradicción profunda en algo tan cotidiano como los trabajos manuales de sus hijos. Esa contradicción la llevó a escribir un libro para niños que busca marcar una diferencia silenciosa, pero poderosa.

Elvira De Grazia

12/13/20253 min leer

Como padres, todos hemos sentido ese impulso de amor cuando nuestro hijo corre hacia nosotros, radiante, con un regalo hecho a mano entre sus pequeñas manos. Puede ser una pequeña criatura graciosa hecha de un envase de yogur con ojos; un adorno fabricado con tapitas; o un portalápices realizado con una botella plástica recortada. Esas creaciones son gestos de puro afecto, y las atesoramos.

A menudo, estos proyectos vuelven a casa desde la escuela, especialmente para el Día de la Tierra, el Día de la Madre, Halloween o Navidad. Se presentan como actividades “eco-amigables” o “conscientes”, diseñadas para enseñar a nuestros hijos el valor de reutilizar materiales. Elogiamos el esfuerzo, pegamos la creación en el refrigerador y sentimos que hemos dado una buena lección de ambientalismo.

Pero ¿qué pasa si estas actividades, aunque bien intencionadas, están enseñando una lección equivocada sobre reciclaje, reutilización y sostenibilidad? ¿Y si, en nuestro intento por ser “verdes”, estamos creando más residuos… y más confusión?

Nuestros trabajos manuales “eco-amigables” suelen generar más residuos

La realización central es difícil de aceptar: muchos de estos proyectos toman materiales altamente reciclables y los transforman en objetos que son difíciles —si no imposibles— de reciclar.

Al agregar pegamento, pintura, ojitos plásticos u otras decoraciones a una botella o a un envase de yogur limpio, contaminamos el material original, volviéndolo inaceptable para la mayoría de las plantas de reciclaje.

Además, estas manualidades suelen ser frágiles y de corta duración. Se aman por un momento, pero pronto se rompen o quedan olvidadas, terminando finalmente en el basurero. El proyecto, que pretendía reducir residuos, irónicamente solo retrasa el viaje del material al vertedero… y lo vuelve irreciclable en el proceso.

Como explica la autora del libro infantil que aborda precisamente este problema:

“Estamos transformando materiales que eran muy reciclables en algo difícil o derechamente imposible de reciclar… y, además, de muy corta duración”.

No se trata de materiales “buenos o malos”, sino de propósito

Este problema revela una brecha crítica en nuestra educación ambiental.

El enfoque común se ha centrado erróneamente en si un material es “bueno” o “malo”.

Constantemente escuchamos —al menos acá en Chile— campañas que dicen ‘el plástico es malo’ o ‘evita el plástico’, sin mayores explicaciones. Vemos un envase plástico y pensamos automáticamente: ‘Deberíamos reutilizar esto’, sin considerar las consecuencias de esa transformación.

Si queremos avanzar hacia una verdadera eco-alfabetización, necesitamos un cambio de mentalidad: el foco no debe estar en el material, sino en el propósito y en la función de los objetos que creamos.

El objetivo del upcycling debería ser, a grandes rasgos, uno de dos: crear objetos duraderos, útiles y con una función real; o, si no van a ser duraderos —como servilletas o envases— fabricarlos con materiales de fácil degradación, biodegradables y ojalá compostables en casa.

No se trata de culpar a los educadores; el desconocimiento es generalizado.

Y esta confusión se refuerza incluso en nuestros espacios de inspiración:

Hasta el día de hoy busco actividades de reciclaje para niños y Google me muestra envases con ojos. Y técnicamente eso ni siquiera es reciclaje: es reutilización. El buscador refleja una confusión conceptual básica.

Un proyecto ambicioso se convirtió en un libro simple y poderoso

Esta misma comprensión fue la fuerza que impulsó el libro infantil The Amazing Journey of Bottley.

Su origen fue una “bajada a tierra” de un proyecto mucho más ambicioso. Inspirada por el trabajo de Precious Plastic Foundation, la autora quería desarrollar un proyecto escolar STEM de gran escala para reciclar plástico en el colegio de sus hijos.

Cuando ese proyecto se pausó por falta de financiamiento, la dificultad se transformó en oportunidad: abordar el problema desde su raíz —la falta de comprensión fundamental—.

El resultado fue un libro que enseña a los niños (y a sus padres) los conceptos básicos del reciclaje y la reutilización del plástico.

Pero va más allá: el libro no solo explica la parte técnica del procesamiento, sino que explora un tema más profundo: cómo encontrar propósito.

Establece un hermoso paralelismo: así como debemos crear objetos con una función clara y duradera, la historia invita a los niños a reflexionar sobre su propio propósito en el mundo.

Una nueva pregunta para nuestra caja de manualidades

La verdadera conciencia ecológica no se trata simplemente de reutilizar materiales por hacerlo.

Se trata de comprender todo el ciclo de vida del material y de crear con intención.

Es enseñar a nuestros hijos que el objetivo no es mantener algo fuera de la basura por una semana, sino darle una vida nueva, útil y duradera.

Esta es una brecha en nuestra educación colectiva que, como padres y educadores, tenemos hoy el poder de corregir.

Así que la próxima vez que tengamos una botella plástica en nuestras manos, hagamos a nuestros hijos una nueva pregunta:

No “¿en qué podemos convertir esto?”, sino “¿qué propósito útil y duradero podemos darle ahora?”